brecha digital

          Esta es una expresión acuñada en la era digital para designar la distancia que separa a las personas dentro del Estado y a los Estados dentro de la comunidad internacional en cuanto al uso de las modernas tecnologías de la >informática. La revolución digital de nuestros días tiene un efecto polarizador al interior de los países y entre ellos. El planeta marcha a dos velocidades cada vez más distantes: la de los países desarrollados y la de los países rezagados. Y la denominada brecha digital es la que marca esas disparidades. Tal como van las cosas, la línea divisoria entre “los que saben” y “los que no saben”  —lo mismo entre los países que entre las personas—  tiende a profundizarse y a volverse irreversible. Con lo cual se agudiza el proceso de acumulación del atraso en el >tercer mundo porque a las brechas tradicionales de naturaleza económica que separan a los países desarrollados de los subdesarrollados se agrega una nueva brecha: la del acceso a las modernas tecnologías de la información.

          Partiendo del hecho de que el número de internautas, es decir, de personas conectadas con >internet, es actualmente uno de los parámetros primordiales para medir el grado de desarrollo de los países, la brecha digital marca la distancia entre el progreso cultural, político, social y económico de las comunidades nacionales del norte y el atraso de las del sur en función del acceso a las tecnologías electrónicas de última generación. Esta brecha, lamentablemente, no cesa de crecer por los efectos sociales multiplicadores que tiene el dominio de la ciencia y de la tecnología.

          Los prodigiosos inventos de la informática han producido cambios fundamentales en la cultura, la organización social, el gobierno, la política, la economía, la educación, las ciencias, las comunicaciones, los negocios, el deporte, el cine, los entretenimientos y, en general, todas las actividades humanas. La >videopolítica o la ciberpolítica  —es decir la política ejercida por los medios electrónicos e informáticos—  ha suplantado a las formas tradicionales de organizar y gobernar las sociedades.

          Por supuesto que los software electrónicos aplicados a la política son ambivalentes: pueden servir a los designios autoritarios, como herramientas de control social y represión, o a los afanes democráticos, ampliando y profundizando la participación ciudadana en los asuntos de interés general.

          En el mundo moderno el desarrollo implica el libre y masivo acceso de la población al conocimiento, a la información y a la intercomunicación entre personas y comunidades geográficamente separadas. El nivel de conexión con internet es en la actualidad uno de los parámetros primordiales para medir el avance de los países.

            El nivel de conexión con internet es en la actualidad uno de los parámetros primordiales para medir el avance de los países. Del total mundial de usuarios de internet, que a mediados del año 2016 llegaban a 3.585'749.340, correspondían a China 742'261.240 (60,4% de su población), Estados Unidos 312'322.257 (91,4% de su población), India 243'000.000 (19,7%),  Brasil 120’773.650 (60,1%), Japón 118’626.672 (91,6%), Rusia 98’567.747 (85,4%), Alemania 79’127.551 (94,6%),  Indonesia 72’412.335 (28,1%), Nigeria 71'300.000 (40,7%), México 62'452.199 (51,8%), Inglaterra 61'766.690 (90,8%), Francia 60'421.689 (90,6%), Italia 54'798.299 (90,2%), Turquía 52'382.850 (64,7%), Egipto 48'211.493 (59,3%), Irán 42'112.274 (58,7%), Corea del Sur 45'314.248 (96,4%), Filipinas 44'275.549 (41,1%), España 30’654.678 (65,6%), Filipinas 29’700.000 (29,2%), Vietnam 30’516.587 (33,7%), Bangladesh 43'876.223 (26,5%), Argentina 41'586.960 (95,6%), Ucrania 40'912.381 (90,1%), Canadá 36'397.891 (96,7%), Pakistán 34'128.972 (21,8%) y en dimensiones menores los demás países.

          En términos porcentuales de población conectada a la red, las cifras demuestran con mayor precisión y evidencia la brecha digital. En el primer lugar está Suecia con el 98,9% de “conectividad”, seguida de Baréin con el 98,6%, Dinamarca 98,3%, Holanda 97,8%, Corea del Sur 97,4%, Noruega 97,2%, Australia 97,1%, Nueva Zelandia 96,8%, Emiratos Árabes Unidos 96,7%, Canadá 96,7%, Suiza 96,4%, Katar 95%, Bélgica 93,4%, Kuwait 92,5%, Estonia 92,3%, Lituania 91,5%, Moldavia 90,8%, Uruguay 90,1% y los demás países.

          Los últimos lugares están ocupados por Etiopía con el 1,9% de conectividad, República Democrática del Congo 2,2%, Costa de Marfil 5,2%, Mozambique 5,9% y Afganistán 5,9%. 

          Los más rezagados de América Latina son Haití con el 18,2%, Honduras 18,6%, Guatemala 18,7% y El Salvador 28,5%.

          Estas cifras explican el mundo dual compuesto por un pequeño número de países avanzados, que dominan las tecnologías de última generación, el “know how” informático, las comunicaciones planetarias, el lenguaje digital  —producen cuatro de las cinco palabras y cuatro de las cinco imágenes de las comunicaciones planetarias—  y los secretos de la revolución biogenética; frente a una amplia constelación de países atrasados, pobres y desconectados del quehacer científico y tecnológico.

          La denominada “nueva economía”  —la economía digital—  surge de la conjunción de los modernos software de la informática con el avance tecnológico de las telecomunicaciones y la aplicación de la robótica a la producción industrial. En ella la información se presenta en forma digital  —mediante bits—  y no analógica. La fibra óptica  —que es un finísimo cable de cristal de cuarzo de alta pureza, diseñado para transmitir la luz a extraordinarias velocidades y con capacidad para transportar información 64.722 veces más rápido que el teléfono convencional—  reemplaza al cable de cobre tradicional y tiene importantísimas repercusiones en el campo de la información.

          El sociólogo y economista español Manuel Castells  —en una conferencia pronunciada en el Salón del Ayuntamiento de Barcelona el 21 de febrero de 2000—  afirmó que la economía digital es “una economía que está centrada en el conocimiento y en la información como bases de la producción, como bases de la productividad y bases de la competitividad, tanto para empresas como para regiones, ciudades y países”.

          Por tanto, la nueva economía es el resultado del proceso de transformación científica y tecnológica centrado en las metrópolis de los países desarrollados, que registran altísimos índices de crecimiento de la productividad. Su base operativa está constituida por <internet y por los modernos software de la informática, que no solamente son una red de intercomunicación electrónica sino también una forma de organización del comercio en la era del conocimiento.

          En la nueva economía existen modalidades inéditas de trabajo, como el >tele-trabajo  —o trabajo desde el hogar—,  la tele-banca, la tele-educación o educación en línea, la tele-medicina, el comercio electrónico. En Estados Unidos y en Europa se realizan de este modo ciertos oficios productivos que forman parte de la “economía de redes”, en la cual se rompen las dimensiones de las escalas tradicionales.

          El e-commerce  —o sea el conjunto de las transacciones a través de internet—  que se inserta en la nueva economía, ha crecido año por año. Cada vez las compras on-line aumentan en el mundo e involucran a todos los elementos de la operación comercial: información, publicidad, mercadeo, pedidos, suministros, pagos, “centros comerciales” virtuales —electronic malls—, servicio de atención al cliente, e-procurement, prestaciones de posventa, etc., etc.

          Es evidente que esta nueva economía tiene una dimensión global, es decir, opera como una unidad en tiempo real y a escala planetaria. En ella el capital se moviliza las veinticuatro horas del día por los mercados financieros globalmente integrados. Los flujos financieros internacionales son descomunales. Miles de millones de dólares se negocian en pocos segundos a través de los circuitos electrónicos que abarcan el planeta.

          La llamada fotónica, que es la transmisión de datos a alta velocidad por medio de impulsos de rayos láser a través de cables de fibra óptica, será la tecnología del futuro en el campo de las comunicaciones, el comercio, los servicios financieros y muchas otras actividades humanas. Ella ha marcado una revolución que ha modificado los hábitos y las conductas de los agentes económicos. El e-commerce  —referido a mercaderías, materias primas, productos agrícolas, artesanías, dinero, títulos, commodities, información electrónica y otros bienes—  se realiza por medio de internet, donde se acuerdan las compras electrónicas y se efectúan los pagos. Los nuevos medios de pago de forma digital transferibles a través de redes electrónicas  —>dinero electrónico—  son otra de las características de la nueva economía, juntamente con la desintermediación de los bancos y de otras instituciones financieras que las nuevas formas de pago traen consigo al eliminar la interposición financiera entre las partes.

          Este es el origen de la brecha digital.

          En términos tradicionales, lo social siempre estuvo vinculado a un territorio, a un espacio geográfico, donde las personas se encontraban e interactuaban. Hoy ese encuentro e interacción, en gran medida, se dan en el ciberespacio, que es donde se realizan on-line muchas de las relaciones sociales.

          La “geograficidad” ha cedido paso a la “virtualidad” como nueva dimensión espacio-temporal. La revolución telemática ha marcado un proceso de “desterritorialización” de las sociedades. La dinamia inmaterial del ciberespacio ha determinado no sólo nuevas formas de organización social sino también nuevos modos de producción económica y nuevas maneras de hacer las cosas. Las transacciones mercantiles, las operaciones financieras y la rotación de los capitales han alcanzado velocidad de vértigo a escala planetaria. Los espacios urbanos se han reordenado. Todo lo cual ha modificado sustancialmente la estructura social. Y la sociología de la informática  —que es la sociología de la sociedad del conocimiento, con sus propias y específicas características—  ha asumido la responsabilidad de estudiar e interpretar los nuevos fenómenos sociales.

          En enero del 2005 el profesor Nicholas P. Negroponte del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), fundador y presidente de la organización no gubernamental One Laptop per Child (OLPC), presentó en el Foro Económico Mundial de Davos su proyecto del ordenador barato destinado a revolucionar la educación mundial y a disminuir la brecha digital que separa a los países desarrollados de los subdesarrollados. La idea del catedrático norteamericano era distribuir masivamente ordenadores portátiles, conectados con internet, a precios muy bajos: cien dólares cada uno, para que se convirtieran en potentes herramientas de educación en los países del mundo subdesarrollado.

          Un año después, superados los problemas tecnológicos, quedó listo para ser fabricado en serie el prototipo del ordenador  —denominado 2B1—,  cuyos primeros destinos fueron los gobiernos de China, India, Brasil, Argentina, Chile, Egipto, Nigeria, Tailandia y Colombia, para su distribución masiva a los niños y jóvenes de hogares pobres.

          Cuatro eran las características del hardware del 2B1: pantalla TFT de 7,5 pulgadas y bajo consumo, con una resolución de 1.200 x 900 píxeles; router inalámbrico que multiplica las posibilidades de conexión con internet; bajo consumo de energía; y posibilidad de recargar su batería manualmente, mediante una manivela, para que pueda funcionar en lugares donde no haya electricidad. Y, en cuanto a su software, el pequeño ordenador opera por medio de una versión reducida del linux fedora y una interfaz diseñada especialmente para tareas educativas. Cuenta con un procesador AMD Geode de 400 MHz. Tiene 128 Mb de memoria RAM y 512 Mb de memoria flash, tres puertos USB, ranura para tarjetas SD, altavoces integrados y un punto para conectar diversos aparatos.

          Las Naciones Unidas han trabajado también en proyectos para disminuir la brecha digital. El 20 de junio del 2006, en la ciudad de Kuala Lumpur, Malasia, lanzaron la Alianza Global para las Tecnologías de la Información para el Desarrollo, dirigida por un Consejo Estratégico adscrito a su Secretaría General, integrado por cincuenta miembros que representan a gobiernos, comunidades académicas y científicas, sectores privados, medios de comunicación social y organizaciones no gubernamentales (ONG), con el objetivo de impulsar un esfuerzo internacional mancomunado que amplíe y profundice el uso de estas tecnologías en la lucha global contra la pobreza. La idea es que los países pobres y atrasados participen de los beneficios de las nuevas tecnologías y que, dentro de ellos, esas tecnologías estén efectivamente disponibles para toda la población. Se trata, por tanto, de democratizar los nuevos recursos tecnológicos y ponerlos al servicio del interés general. Para dar seguimiento a la iniciativa de Kuala Lumpur vino una segunda reunión en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 27 de septiembre del mismo año, en la que el Secretario General de la Organización Mundial Kofi Annan abogó por “una verdadera sociedad global de la información”.

 
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