"al pan, pan y al vino, vino"

      Proverbio anónimo que significa hablar con franqueza y llamar a las cosas por su nombre, sin eufemismos ni expresiones elípticas. Con lamentable frecuencia el lenguaje político  —y singularmente el diplomático—  acude a giros y a rodeos eufónicos para expresar ideas que de otra manera sonarían duras. La simulación y la disimulación forman parte, desde remotos tiempos, del arte de la política. Ya lo dijo hace cinco siglos Luis XI de Francia: “quien no sabe disimular no sabe reinar”.

        Como casi todos los proverbios, este es anónimo. José María Sbarbi lo ha recogido en su "Gran Diccionario de Refranes" y Ramón Caballero en su "Diccionario de Modismos". La Real Academia Española también lo ha incorporado al "Diccionario de la Lengua Española" para dar a entender que uno ha dicho una cosa con claridad.

      Es probable que la expresión provenga de la que trae Sebastián de Covarruvias en su "Tesoro de la Lengua Castellana", publicado en el año 1610 y cuyo uso fue muy extendido en los siglos XVII y XVIII: “pan por pan y vino por vino” para significar “hablar llanamente”.

 
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